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La Entrada Desahuciada.

 

Esta, que es para mí el equivalente de lo fue para Jesús la entrada en burro a Jerusalén, otra entrada triunfal celebrada, esta vez, por las letras -por  nadie más que por ellas, porque por ellas soy auspiciado-, será la entrada que dedique al conflicto más interesante que ha gobernado tanto mis pre, como mis ocupaciones en los últimos tiempos, donde tan abandonado me sentí.

Y me culpé.

Y me paré.

En mi trasegar por la vida (si, ya sé que sueno a viejito), me he percatado de que el mundo, visto desde el punto de vista de orden material de las cosas, esto tiene que cambiar, el mundo moderno, donde están las modernas democracias, es también el mundo donde más esclavitud humana ha habido en la historia. Miles y miles de niños y familias explotadas, vulneradas por el interés particular de las grandes corporaciones además de pisoteados por sus dirigentes locales, es indignante, es indignante, y no puedo negar que siento rabia de corazón.

Es entonces este un mundo que innegablemente, requiere manos bondadosas y espíritus prestos para la construcción y no la destrucción, es una realidad que requiere cambios radicales si se tiene en cuenta valores humanitarios como la solidaridad, el respeto y la dignidad, valores que, están en franca decadencia. A la final, un mundo, que si no encuentra esos motores de cambio, no pasa de un futuro cruel y cercano. No pasa.

Y uno, también como persona con intereses propios, de hijo, de hermano, de amigo, de caddie, de estudiante, de profesional, bueno, picado a todas esas cosas, pues tiene que, de algún modo, sacarlas adelante, y no digo que eso sea excusa para hacer oídos sordos a la responsabilidad del ser consciente y conocedor de la absurda realidad material de las cosas, donde niños mueren por egoísmos económicos rampantes -porque eso es el capitalismo-, pero digo sí, que hay que encontrar la manera de equilibrar esos elementos que son los que, a la hora del té, lo componen a uno. Hacen lo que uno es y lo han llevado a uno donde está.

También, es este un mundo donde pueden confluir sin ningún problema las cosmovisiones más radicalmente opuestas en armonía (si se respetan, obvio). Es por ello que por ejemplo, es posible ver en un mismo hogar, la rampante la indiferencia que es ley entre el general de la ciudadanía (a muchos resulta más importante el partido del Barça, que el debate en el congreso sobre la reforma tributaria), y el más ferviente activismo ciudadano que denuncia por las redes, participa en los escenarios ciudadanos, sean barriales, o municipales, y hace de la política un arte transformador. Sea en una sociedad, o incluso bajo un mismo cuerpo, es posible encontrar estas paradojas, que no prescinden de un balance, un equilibrio que garantice la continuidad de un proyecto viable, sostenible, (que de pal sustento diario) pero también coherente con la formación ética que uno medio ha adquirido.

Bien, ese equilibrio, de seguro no lo vamos a encontrar acá, porque esto es a duras penas es el Desahuciadero, donde puedo venir en paz a botar todas estas pulsiones que a nadie interesan ni tienen porque interesar, y que tal vez no duren más de un mes publicadas por la vergüenza pública.

ImagenD

 

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About Paulo Cortes

Ibagué. // Comunicador Social y Periodista. Contenidos digitales. // Cine // Radio #ContentManager #SocialMedia

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