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Después de anoche. el devenir.

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Esta mañana desperté con jaqueca y con la garganta vuelta un paraje árido. Saqué las manos del sleeping y me incorporé del suelo mientras combatía ferozmente con la modorra. Asomé la cabeza por la puerta de la carpa y afuera resplandecía un nuevo día. sin embargo, en mi cabeza, el mundo daba vueltas, o más bien el cerebro se acomodaba en su lugar, luego de de un intenso viaje onírico por caminos que se bifurcan en infinito, que no son más que sinapsis y sinergias provistas por la interrelación entre las distintas unidades de conciencia que son mis neuronas. A pesar de ser consciente del funcionamiento de mi cerebro, el porqué de los sueños y el albergue de la imaginación, (puro y complejo movimiento e intercambio de energía) no tenía claro ningún recuerdo concreto de las miles de experiencias que había acabado de abandonar para retornar con toda premura a esta ya conocidísima realidad por un trago de agua que devolviera la tranquilidad a mi garganta, o está bien, a las células que le informan a mi cerebro de su mal estado. Pervivía esa sensación de aterrizaje que suele sentirse en los oídos cuando desciende uno de de un viaje en autobús.

Salí de la carpa, tomé un frasco plástico que encontré por ahí, entre los restos de anoche, y fui directo al bebedero más cercano. Mientras caminaba divisaba las otras carpas y un par de hamacas, albergues para los espíritus que anoche buscaron intensamente el desfogue de sí mismos, hasta llegar al límite que los cuerpos nos permitían. Llené el tarro y lo bebí de un sorbo. Lo llené de nuevo. Ahora quería un cigarro.

 ´´Que manera de hacer la revolución“ pensé. Entré al baño me quité la camisteta y lavé mi cara. Recordé que el cepillo de dientes descansaba en algún lugar del morral perdido en algún lugar de la carpa. El agua fría me devolvía algo de la vida que me resté anoche, corría por mi cabeza a borbotones, se deslizaba por mi nuca como manantial de vida. Levanté mis ojos y me encontré de frente con un tipo rabioso por encontrar un sentido en el cual escribir su vida. -Motivos hay muchos- pensé. – Bienestar para mi familia, cimas de montañas, libertad y recreo para mí, mi vida para ella, mi vida para el cambio. -Pero ninguno trascendente-. Todos terminan aquí. La vida en el mundo no es más que un instante de maravilloso equilibrio químico y físico en la superficie de un planeta pequeño perdido en el universo. Dos mil años es un pestañeo.

 Mi madre me ha afirmado que lo único que nos hace trascendentes es la fe en Dios, es la clave para la vida eterna, la llave para el éxito espiritual después de la vida en la tierra. Veo el agua en mis manos y recuerdo la mejor definición de Dios con que me he encontrado: si fuéramos peces, dios seria como el agua en que nadamos. La sinergia que hace que el mundo se mueva, que la flor florezca, que la mujer ovule, y que los armadillos copulen. Ningún viejo barbudo nos creó en su infinito aburrimiento y está allá arriba para juzgarnos y medirnos con un rasero, no. Sencillamente es el movimiento de la luz en la tierra, en nosotros. Lo demás es puro enredo del lenguaje.

Ahora sentado en una banca, enciendo un cigarrillo sin filtro, abro un computador portátil que había con música anoche y sueno una pista de ska para levantar a los que aún duermen la trasnochada.  El tedio asedia y decido ir en busca de mi bicicleta para volver al seno de mi hogar, en busca de la paz de mi habitación, del chocolate con pan de la cocina, de una película que me permita vivir algo real con personajes reales, no ésta mierda de vida que uno lleva. Pero como bien saben, la vida acostumbra a retoñar entre la mierda. Todo es un ciclo. Creo que voy a dejar de leer a Borges por un rato.

Universidad, activismo, movimientos sociales, comunicación alternativa, Libertad y Dignidad,  mierdas todas en el ocaso de los siglos, pedalazos en la edad de los trenes supersónicos, pero gratificante su búsqueda en la cotidianidad como el primer trago de agua de esta mañana.  Imágenes todas que pasan rápidas como la ciudad ante mis ojos, el hambre, la miseria, la indiferencia, la indolencia. Impotencia. Pedalazos. sol.

¿Acostumbrandome a tragar la mierda de realidad que nos tocó?  Jamás. Cavilando maneras para transformar la mierda en retoño de vida. La vida hay que concebirla en movimiento.

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About Paulo Cortes

Ibagué. // Comunicador Social y Periodista. Contenidos digitales. // Cine // Radio #ContentManager #SocialMedia

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