Generacion enferma, mediocre.

7772f83bf6ece4140328936ea0fed604Creo que la mediocridad es la más mortífera de las enfermedades intelectuales que afrontamos los jóvenes de esta época, acostumbrados a la inmediatez y a las soluciones fáciles, criados por el pragmatismo de una sociedad que capitaliza hasta los más íntimos aspectos de la vida.  La mediocridad exacerbada por el bombardeo de estímulos digitales y audiovisuales con que contamos en esta época,  publicidad de tetas y estallidos de colores nos aguardan cuando logramos levantar la vista de la pantalla que gobierna nuestra cotidianidad, somos la concurrencia de las muchedumbres pletóricas de ignorancia supersticiosa, nuestro vigor es rédito de las instituciones que nos ofrecen un relato esperanzador o una emoción constante, iglesia o farra, no veo la diferencia si se trata de dar sentido a la existencia.

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Somos la resaca de la historia, la suma de todas las épocas, cagadas y aciertos de todas nuestras generaciones antecesoras, con la responsabilidad de salvar un planeta en un punto crítico de no retorno, los costes ambientales que nos corresponde asumir no tienen símil ni parangón en el pestañeo que es la historia de la humanidad, el saqueo a los recursos del planeta no da abasto y los industriales que tienen el control del sistema no tienen ganas de querer cambiar de negocio ni de reducir el impacto ambiental, si ya tienen parcelada la luna y hoteles en estaciones espaciales para su descendencia mientras calientan nuestro globo azul en el espacio a un ritmo increíble, pero nosotros, ya ni siquiera atónitos ni sorprendidos, solo atinamos a cazar pokemónes  y hacer crecer sus cuentas bancarias con nuestro  consumismo, nos justificamos en el derecho personal y quien nos va a decir algo si somos los putos jóvenes dueños y amos de la historia.

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Pero es la historia la que nos tiene contra las cuerdas a pocos segundos de terminar el match, vamos perdiendo y no se notan las ganas de ganar en esta muchedumbre de los comunes, si hasta lo alternativo y lo ambiental lo convertimos en una moda y lo banalizamos con marchas que no llegan sino al principio del fin, la conciencia se comparte por Facebook ya no se si por aparentar o por concientizar.

La angustia existencial nos carcome el pecho a las cuatro de la tarde y salimos los viernes a exorcizarla en un culo o una botella, ambas quizás, los mas culpables lo hacen de rodillas ante la santísima superstición, hay quienes lo hacen saltando el domingo en la popular, pedaleando por la ciudad o dando toda la energía de nuestro cuerpo a la meta de superación personal en el campo de juego o en el tablero digital, es la ansiosa búsqueda de identidad lo que nos mueve, y en medio del desasosiego no faltamos los que apostamos a la sexta pelota para descunchar la máquina en la tienda de la esquina, pero todos hacemos nuestra catarsis, nos consumimos aplazando lo importante, asumir el papel histórico que nos corresponde.

Y es que eso es lo que mejor se nos da: procastinar. Si hasta esa palabra la hicimos propia, antes como que ni existía, solo en nuestra época vino para contar lo que hacemos a diario con nuestras vidas.  Y en consonancia con lo que aquí explico retomo estos apuntes un día después de haberlos iniciado, antes quise desestresarme y jugar un poco, pero retomo con resolución para explicar esta enfermedad que acomete a mi generación, sin querer decir que las anteriores no nos la hubieran legado, ya que si hubiesen sido consecuentes con el sentido común no estaríamos nosotros contra las cuerdas de la historia, pero tampoco nosotros nos caracterizamos por el uso de la lógica y el inusual sentido común.45e15c56f4016d3bfca04f88acafa70f

Porque en medio del desastre que nos legaron supieron conservar las bibliotecas en la sala, inculcarnos la virtud de la lectura y el autocultivo, -hablo por quienes tuvimos la fortuna de contar con padres que así nos enseñaron-, porque sabían que el sistema educativo no educaba precisamente pero era lo que nos podían ofrecer, en cambio nos enseñaron a tomar lo aprovechable y desechar lo inútil, o así lo he transmutado yo intentando deslindarme de las categorías de moral que empobrecen los ricos matices de la realidad.

Aún así sigo en búsqueda de la excelencia como la panácea para una época consecuencia de sus antecesoras: mediocres y mezquinas, el poder se comportó a su altura desde Bretton Woods, se repartieron al mundo y nos hicieron mercancía, ahora todo debemos comprarlo, las cartas de derechos de las que se enorgullece el mundo occidental son papel de baño, solo funcionan para quienes puedan pagarla, el resto no existe más que por amor, el otro combustible del mundo a la par del dinero, el amor que ilumina rostros y alimenta estómagos hambrientos en regiones abandonadas, el amor que guarda una extraña relación con el dinero, porque ambos no son mas que canales por los que el humano transita este instante de existencia física, ambos condimentos de la vida, y creo, ambos inseparables.

Espero me equivoque en esto último, tal sería la mezquindad del amor guisado con dinero, que por esto  no deja de ser suculento, porque como ven no soy un dechado más en virtudes sino un paciente más observando el pabellón atestado de enfermos como yo, mediocres.

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Picos Altos

Cuando te sientas en el computador y atizas la inspiración para que la vida fluya entre cada tecla y el café de la mañana, escribes unas letras, las borras, escribes otras, también las borras, ves que el lugar desde el que intentas asir al mundo no es mas que una evanescencia, y que la constante en el Universo es el puro cambio, movimiento entrópico del todo hacia los puntos de mayor energía en el espacio, sino en su sentido contrario, entonces la agarras por ahí esperando el súbito corte de su respiración, la alteración de sus sentidos por tu poder, por tu presencia.

La poesía la dejé enredada entre sus sábanas, me entregué todo, ahora estoy aquí vacío, sintiéndome victorioso por mi entrega triunfal entre sus piernas e intentando agarrar la esencia de un instante en dos o tres palabras que me hagan sentir la trascendencia hacia la que se mueve el espíritu incesante que nos habita.

Ya no entiendes nada, un poco porque no quieres hacerlo, un poco porque ya lo entendiste todo, y porque en un agujero de la playa no cabe toda el agua del mar, así que solo nos queda vivir.

Ya he visto el desfile de místicos y los que no lo son buscando grabar con honores su nombre en la placa de la historia, y me vi entre la muchedumbre de los comunes y corrientes, levantando el estandarte de una presunta originalidad que mas bien se parece a otras tantas vistas de tanto en tanto.

El hambre del espíritu no se sacia sino con la inmensidad de las estrellas, apresurándonos tras lo inconmensurable nos damos cuenta de nuestra sustancia que se parece a la de los astros que admiramos, mientras gozamos las bondades que nuestro vestido de carne nos asiste, sus venturas y desventuras, sus necesidades y complejidades apretadas, que liberamos cada cierto tiempo sobre las sábanas, un andén, en las gradas, en el atrio o sobre la lona del ring.

Si pudiera medir la felicidad que me abraza creo que diría que estoy en uno de los picos altos de mi vida, los que ella me da en la nariz y cierro los ojos porque es mi vida la que vale la pena en ese instante, y ando en el ejercicio de creérmelo, de vivírmelo, experiencias así no se repiten y no quiero dejarla pasar sin haberla sentido en cada milímetro de la dermis que ella hace extasiar cuando se lo propone.

El control está en mis manos y prefiero no pausar el juego, quiero seguir jugando.