La contradicción en vilo

ficgthA falta de más cojones para incendiar algo, explotarlo, me inmolaré a mi mismo.

Porque no hay más salida, o al menos no al alcance de la cobarde valentía.

Y este estúpido vaivén, profundo aburrimiento. Mi cuerpo es un cuerpo como cualquier otro, un cuerpo vulgar. Pero yo, yo soy más que solo vulgaridad, Yo voy es pa arriba hijueputa.

Yo no quiero más hacer parte de este absurdo circo que alguien sin rostro domina desde una butaca con el látigo en la mano. Ni mierda. No voy.

Y esta estupidez de momento, porque no se escribir, y el deseo no ha muerto, y ahora mi opinión no me pertenece y no se lo que estoy forjando.

Una mota de polvo al viento soy.

¿Y que hay de mis brazos y de mis piernas y de la posibilidad de echar nado en busca de algún horizonte?

Mentiroso, solo buscas una orilla donde poder morir exhausto.

Así no voy.

Ahora bien, alguien que se cuestiona tanto, pero no hace mayor cosa para solucionar la cuestión, ¿merece vivir?

Yo creo que no. Es un gasto inútil de aire, agua y alimento, que podría estar sirviendo para alguien más que si tenga la voluntad de hacer algo para cambiar algo en el absurdo circo que nos tocó por hogar.

Y nuestra provisional zona de confort. Y los sofismas que elaboro para no perder la costumbre de vivir.

Y ahora me parece estar viendo el abismo, y me provoca lanzarme sin más. Descalzo.

Nadie deberá y seguro no querrá leer jamás estas letras. No soy el ejemplo de nadie, no quiero serlo, no quiero ser el sostén de alguien, y sobre todo, no quiero depender de nadie.

Eso es miedo. Acabo de descubrirlo. Es el miedo el que guía estas últimas palabras, el miedo a entregarse todo y perder. Miedo de amar con locura. Por eso estás perdido.

Estás tan cegado de ti mismo que no puedes tolerar el estar al vaivén del destino, como en realidad, nunca has dejado de estarlo. Por eso el sufrimiento. Absurdo.

Hablas mucho de vivir el momento, de enterrar el ego, de compartir, de comunicarse. Y es lo que menos haces.

Y esa extraña y grave habilidad para recriminarme, que parece impuesta por las arpías que tanto odio.

No pienses más en mostrar tus letras, porque no hablan de lo que ellos esperan oír, hablan solo tu lenguaje, el lenguaje de los incomunicados con sigo mismo.

Advertisements
El maldito payaso triste.

La amargura y el pesar, desaparecerán solo con la muerte, pero tranquilo, no son los únicos elementos del camino. También nos acompañan el coraje, la risa, la plenitud que nunca dura más de 5 segundos, y lo más importante: el amor. Todos ellos son nuestros compañeros de viaje.

El odio, el rencor, la amarilla amargura, en veces, resultan bastante provechosos.