Picos Altos

Cuando te sientas en el computador y atizas la inspiración para que la vida fluya entre cada tecla y el café de la mañana, escribes unas letras, las borras, escribes otras, también las borras, ves que el lugar desde el que intentas asir al mundo no es mas que una evanescencia, y que la constante en el Universo es el puro cambio, movimiento entrópico del todo hacia los puntos de mayor energía en el espacio, sino en su sentido contrario, entonces la agarras por ahí esperando el súbito corte de su respiración, la alteración de sus sentidos por tu poder, por tu presencia.

La poesía la dejé enredada entre sus sábanas, me entregué todo, ahora estoy aquí vacío, sintiéndome victorioso por mi entrega triunfal entre sus piernas e intentando agarrar la esencia de un instante en dos o tres palabras que me hagan sentir la trascendencia hacia la que se mueve el espíritu incesante que nos habita.

Ya no entiendes nada, un poco porque no quieres hacerlo, un poco porque ya lo entendiste todo, y porque en un agujero de la playa no cabe toda el agua del mar, así que solo nos queda vivir.

Ya he visto el desfile de místicos y los que no lo son buscando grabar con honores su nombre en la placa de la historia, y me vi entre la muchedumbre de los comunes y corrientes, levantando el estandarte de una presunta originalidad que mas bien se parece a otras tantas vistas de tanto en tanto.

El hambre del espíritu no se sacia sino con la inmensidad de las estrellas, apresurándonos tras lo inconmensurable nos damos cuenta de nuestra sustancia que se parece a la de los astros que admiramos, mientras gozamos las bondades que nuestro vestido de carne nos asiste, sus venturas y desventuras, sus necesidades y complejidades apretadas, que liberamos cada cierto tiempo sobre las sábanas, un andén, en las gradas, en el atrio o sobre la lona del ring.

Si pudiera medir la felicidad que me abraza creo que diría que estoy en uno de los picos altos de mi vida, los que ella me da en la nariz y cierro los ojos porque es mi vida la que vale la pena en ese instante, y ando en el ejercicio de creérmelo, de vivírmelo, experiencias así no se repiten y no quiero dejarla pasar sin haberla sentido en cada milímetro de la dermis que ella hace extasiar cuando se lo propone.

El control está en mis manos y prefiero no pausar el juego, quiero seguir jugando.

Advertisements